Naomi.
—¿Por qué el embarazo va demasiado rápido? —Me aterró ver mi panza en el espejo de la oficina de Silvana.
La acaricié, estaba igual de grande como si tuviera cinco meses. Tragué saliva, Silas también me advirtió que sería un parto normal, porque el cachorro ya sabía cómo nacer por su cuenta y sin necesidad de cesáreas.
—¿Te sorprende? —se mofó—. Oye, ayúdame con esto.
La miré.
Ella estaba tratando de abrir la ventana, se había quedado atorada y el aire acondicionado no funcionaba, e