Naomi.
Después de que Silas se fuera, me puse frente a la mesita con el altar de mi madre. Le encendí una vela y miré su foto, esa sonrisa todavía me transmitía la misma paz como cuando estaba viva.
Abrieron la puerta de golpe, causándome un susto estremecedor. Me giré y vi a esa rubia de brazos cruzados y cara de culo.
—Ven conmigo —ordenó.
Le hice caso, lo menos que deseaba era tener problemas con ella. Apreté los labios, siguiéndola fuera de la habitación. Me guió por un largo pasillo de