Después de unas horas en el hospital, a Vanessa le dieron el alta con la indicación de descansar. Alex, aún con el brazo vendado, no dejó de sostener su mano ni un solo segundo.
—Te llevo a casa —dijo con determinación mientras la ayudaba a subir al auto.
—Alex, estás herido… —protestó ella, mirándolo con preocupación.
—Y tú estás embarazada —replicó él con una sonrisa arrogante, colocando con suavidad su mano sobre su vientre—. Creo que yo gano.
Vanessa rodó los ojos pero no pudo evitar sonreí