El hospital estaba lleno de ruido, movimiento y luces brillantes. Alexandro no soltó la mano de Vanessa ni un solo segundo mientras los médicos los atendían.
—Señor Montenegro, la herida no es grave, pero necesitará algunos puntos —informó el doctor mientras le limpiaba la sangre del brazo.
—Solo háganlo rápido, necesito estar con Vanessa —respondió con impaciencia, sin apartar la mirada de ella.
Vanessa estaba en otra camilla, rodeada de enfermeras y un médico que le tomaba la presión.
—Señori