El viento soplaba con fuerza cuando Vanessa y Alexandro estacionaron frente a una pequeña casa en las afueras de la ciudad. La pintura de la fachada estaba gastada por los años, y las ventanas apenas dejaban entrever luces cálidas en su interior.
Habían pasado semanas intentando encontrar a Emilia Duarte. La dirección que les había dado la madre de Vanessa resultó ser incorrecta, y cada pista los había llevado a un callejón sin salida. Pero finalmente, después de mucho insistir, la encontraron.