A la mañana siguiente...
El sol entraba por la ventana cuando Vanessa se despertó. Alex aún dormía a su lado, su brazo pesaba sobre su cintura y su respiración era lenta y profunda. Se veía tan tranquilo que por un momento pensó en no despertarlo. Pero tenían cosas que hacer.
Se removió un poco, logrando que él gruñera en protesta y la apretara más contra su cuerpo.
—Cinco minutos más —murmuró contra su cuello.
Vanessa sonrió y deslizó los dedos por su cabello.
—No podemos, Montenegro. Ten