El boceto temblaba en las manos de Vanessa, pero su mirada estaba fija en Alexandro. Él no decía nada. No se movía, no parpadeaba, no respiraba.
—Alex… —susurró ella, pero él levantó una mano, pidiéndole silencio.
Vanessa cerró la boca. Podía verlo romperse en tiempo real.
—No tiene sentido… —murmuró Alex, dando un paso atrás, como si necesitara más distancia de la verdad—. Esto… no puede ser cierto.
Emilia suspiró.
—Lo es, muchacho.
—Mi abuelo… —Alexandro negó con la cabeza, pasándose u