capitulo 18

Sin embargo, a medida que pasaba la tarde, le resultó más difícil mantener el nivel de su enojo. Se sentía triste, deprimida, tanto que, si no hubiera necesitado aquel trabajo para mantener a su hijo, hubiera tirado la toalla allí mismo.

—¿Te apetece venir a cenar conmigo? —le preguntó Henry, cuando la jornada llegaba a su fin.

—Gracias —dijo Amira—. Pero estoy completamente agotada. Sólo quiero irme a casa, tomarme algo caliente, darme un baño y meterme en la cama.

—Yo tampoco me encuentro con
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