—Sí, tienes razón —reconoció Lewis con un suspiro, antes de seguir utilizando toda la persuasión que tenía para conseguir que Henry le diera el paradero de Amira, ya que estaba convencido de que él sabía donde se encontraba. Y así se lo dijo al joven.
—No —replicó él—. Estás equivocado. Amira me caló muy bien desde el primer momento que empecé a trabajar para ella. Ella sabe que yo no soy demasiado listo. Así que seguro que se ha imaginado que tú intentarías sacármelo, ¿no crees?
Lewis asintió