El roce de sus manos y de sus labios le había seducido completamente mientras él la acariciaba y le besaba los senos, pero al tocarle los pezones, ella sintió una molestia que le hizo recobrar la consciencia y volver al mundo real.
—Cariño, ¿qué te pasa? —musitó él, mirándola con preocupación—. No quería hacerte daño, cielo… —añadió él, mirándole los pechos, que parecían ser más turgentes de lo que él recordaba.
—¡Déjame en paz! —exclamó ella, sin escucharle, mientras le empujaba para poder sen