Él debería haber sabido por aquel entonces la amenaza de absorción.
¿Cómo podría asegurarse de que iba a ganar aquella batalla? Todo lo que tenía que hacer era seducir a una estúpida mujer, que, además, podría inclinar la balanza a su lado y persuadirla de que él y su empresa eran lo mejor del mundo.
Además, si ella no hubiese estado metida tanto en el asunto, podría haber caído en sus redes. Desgraciadamente, por la presión de los negocios, había descuidado un poco a su víctima, permitiéndola