—¿Y qué te puedo contar? —respondió Amira, secándose los ojos y sonándose la nariz—. He sido una estúpida y una descuidada. Eso es todo.
—Yo creo que hay mucho más que eso. Toma, bébete el coñac poquito a poco y verás como te sientes mejor.
—¿Cómo… cómo puedes tomarte todo esto con tanta tranquilidad? — preguntó Amira, haciendo lo que ella le decía.
—Mira, todo esto no es el fin del mundo, ¿sabes? Me… me imagino que Lewis es el padre, ¿no? —dijo Elena. Amira asintió—. Bueno, yo no veo demasiado