CAPITULO 14

Sintiéndose totalmente atónita por lo que había escuchado, Amira se marchó del despacho del presidente.

De camino a su despacho, no se encontró con nadie, ya que era bastante tarde y todo el mundo se había marchado.

Suspiró profundamente, se sentó en su sillón y trató de hacerse cargo de la situación que se avecinaba.

—Tal vez puedas creer que te hemos dado un cáliz envenenado —le había dicho el presidente.

Y así era, aunque, desde luego, no tenía ni idea de los problemas adicionales que aquell
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