Ella asintió con la cabeza, esperando que se le pasaran las náuseas que acababa de experimentar en el estómago.
—Estaré bien enseguida —musitó—. Olvídalo, ¿de acuerdo?
—No, no pienso olvidarlo —le espetó él, muy serio—. ¿Te ha visto un médico? ¡Por amor de Dios, Sam! Podría ser apendicitis.
—No, estoy segura de que no es nada de eso —le respondió ella—. Sin embargo, sí que voy a ir a ver a un médico. Francamente, creo que es algún tipo de virus. Nada por lo que merezca la pena preocuparse.
—De