De reojo, Teo notó que Hannah tenía la mano cerrada en un puño rígido sobre el regazo.
—¿Estás bien? —preguntó.
Ella giró la cabeza hacia él y le dedicó una mirada gélida, nada amistosa.
—La próxima vez que intentes algo así, asegúrate de avisarme con anticipación.
—Lo tendré en cuenta.
Hannah abrió su bolso y, segundos después, se colocó los audífonos mientras fijaba la vista en la ventanilla. Se obligó a concentrarse en las líneas de su libreto, repitiéndolas en silencio como si fueran un ma