Hannah dejó los cubiertos a un lado, se limpió los labios con la servilleta y dio un sorbo a su vaso de agua.
—Muchas gracias por la cena —dijo finalmente.
La velada había transcurrido con cierta rigidez; cada uno perdido en sus propios pensamientos, limitándose a intercambiar apenas unas cuantas frases sueltas y sin importancia de vez en cuando.
—Te dije que te encantaría.
—Nunca dije que lo hacía —replicó enseguida. Era una mentira. Teo no solo sabía cocinar, sino que lo hacía bastante bien.