Hannah observó fijamente a la presentadora. Emma Porter. Sonreía mientras conversaba con otro invitado, tan radiante y encantadora. Pero Hannah sabía la verdad: detrás de esa dulzura se escondía una víbora sin escrúpulos capaz de lo necesario por entretener al público.
Había sido una de las tantas personas que la habían humillado cuando su escándalo estalló, disfrazando su crueldad de insinuaciones sutiles y bromas ligeras, de esas que parecen inofensivas y que arrancan risas fáciles a la audi