Teo observó a Hannah en silencio durante un momento.
—¿Estás segura de que es lo que quieres hacer? —preguntó al fin—. Después de todo, nos amamos y nuestro matrimonio es real ahora. A menos que estés considerando divorciarte de mí cuando cumplamos los dos años. Si ese es el caso, más vale que vayas olvidándolo. No pienso firmar nada. Tendrás que arrastrarme ante un juez, y aun así, me negaré.
Hannah soltó una carcajada.
—Supongo entonces que me resulta más razonable quedarme casada contigo —