Hannah levantó la mirada de la prueba de embarazo y miró a su esposo. Él todavía tenía los ojos clavados en el pequeño plástico entre las manos de ella.
—Un hijo… —murmuró Teo, alzando finalmente la vista hacia ella—. Yo… gracias. —La emoción le quebró la voz.
Él la tomó del rostro con ambas manos y la besó con una delicadeza casi reverente.
—Muchas gracias por esto —susurró contra sus labios—. No tienes idea de cuán feliz me has hecho. Esa ridícula competencia que hicimos en Las Vegas termin