El viaje había sido relajado. Thiago le había contado a Maya algunas anécdotas divertidas de su infancia y, aunque ella no tenía muchas historias parecidas, le habló de algunas de sus propias aventuras. Las risas habían acompañado buena parte del trayecto, al igual que algunas miradas cargadas de tensión que le provocaban un agradable estremecimiento.
El auto atravesó un enorme portón de madera y se detuvo unos metros más adelante, frente a una impecable casa blanca de ventanales enormes. Era m