El silencio se prolongó y, cuanto más pasaban los segundos sin una respuesta, más nervioso se ponía Thiago. El hombre acostumbrado a conseguir todo lo que quería se enfrentaba a la posibilidad de que Maya lo rechazara. Si eso ocurría, sabía que dolería como el infierno.
Aun así, no pensaba rendirse tan fácilmente. La química entre ellos estaba ahí y, además, habían construido una confianza que no quería perder. Solo necesitaba demostrarle lo importantes que eran ella y Zak para él.
—Lo hago...