Thiago recostó a Maya sobre la cama. Sujetó el pantalón y las bragas por la cintura y se los retiró con impaciencia. Después se quedó inmóvil durante unos segundos, recorriendo con la mirada cada centímetro de su cuerpo. Por más que hubiera pasado días recordándola desnuda, nada se comparaba con tenerla otra vez así frente a él.
—¿Thiago?
Al levantar la vista, encontró un destello de inseguridad en los ojos de Maya.
—Eres perfecta —musitó, dejando que toda la adoración que sentía por ella se r