—De acuerdo, Ivy, gracias por todo —respondió Adelina antes de colgar.
Salió al balcón y respiró el aire de la mañana, mirando hacia el vasto cielo de Honduras. Necesitaba que su corazón se calmara después de dar el paso definitivo. Pero la paz duró poco; el teléfono en su mano comenzó a vibrar con una llamada de Damian. Ella no colgó de inmediato, pero dejó que sonara, notando la insistencia de él. Finalmente, contestó en silencio.
—Bueno, esto es una ocasión excepcional —soltó Damian con una