—Solo espera un poco más, hija mía. No desesperes —susurró Vanessa, mientras caminaba con parsimonia por la estancia, acariciando su vientre prominente. Su voz era un hilo de seda impregnado de veneno—. En cuanto Damian y Adelina firmen ese divorcio, tú podrás ocupar el lugar que te corresponde. Por fin podrás estar con él oficialmente ante toda la sociedad.
Sin embargo, Vanessa no era mujer de dejar las cosas al azar. Se detuvo frente a Sienna con una mirada gélida. —Pero por si acaso las cosa