Capítulo 11. Regalos inesperados
En el despacho de Joseph, el ambiente estaba cargado de tensión. Layla intentaba seducirlo de nuevo, pero él ya no podía ni soportar el sonido de su voz.
—Mi amor, ya te dije que fue un accidente —insistió ella con tono pícaro—. Además, a ti te gusta jugar fuerte. ¿Por qué te pones así?
Joseph la miró con frialdad.
—Tengo mis fetiches, Layla, pero nunca te he pedido que te exhibas delante de medio restaurante. La próxima vez que decidas no usar ropa interior, al menos avísame.
Ella intentó acer