Capítulo 19. Un dulce amor
Sin más preámbulos, Joseph y Eliana se dirigieron al cementerio. En cuanto Eliana cruzó el umbral de hierro, un escalofrío profundo recorrió todo su cuerpo, como si el lugar mismo reconociera su dolor. Sus manos empezaron a sudar y su respiración se volvió más pesada.
Llegaron hasta la tumba de Alejandro. Estaba abandonada, cubierta de hojas secas y silencio. Allí también descansaban los restos de su pequeño hijo no nacido. El corazón de Eliana se contrajo con tanta fuerza que creyó que se romp