Capítulo 20. Un primer encuentro apasionado
Eliana se quedó inmóvil frente a Joseph, con las manos ligeramente húmedas por los nervios y las mejillas teñidas de un rubor que delataba tanto vergüenza como una excitación profunda que le recorría todo el cuerpo. Hacía demasiado tiempo que no se encontraba ante un hombre, y mucho menos ante uno como Joseph. Su presencia era abrumadora: el cabello ligeramente revuelto, los músculos definidos bajo la tela de su camisa, sus manos fuertes pero elegantes, y esa mirada intensa, casi hipnótica, que