—No seas tonta, yo siempre estaré para ti. Le prometí a Doménico que los cuidaría y aunque sea desde el cielo seguiré cumpliendo mi promesa…
El llanto ya no me dejaba hablar, cuando escuché que la puerta se abría y era el doctor Malory quién entró.
—¿Y este muchacho tan guapo?
—Ho… hola. Soy Nathan Malory, vengo a revisar sus signos.
—¿Otro matasanos? ¡No, por favor!— ambos esbozamos una sonrisa y mi viejito puso su cara de enojo, aunque sabía que era una broma.
—Sigan tranquilos, hagan como qu