36. Cambios
—¡Mi departamento es tuyo! Es enorme y yo estoy sola desde que se fueron tus tíos ―escuchó el tono melancólico. Aunque los padres de Malena habían fallecido un par de años atrás, sabía que su prima cargaba con el duelo a diario. ―Puedes quedarte todo el tiempo que necesites ―completó con seriedad.
―Gracias, Male ―agradeció de nuevo, aunque con una tonalidad apagada. ―¿Puedo ir a dejar unas cosas?
―¡Sí, claro! ¿Tienes llaves de la casa? ―la voz de su prima regresó a la normalidad.
―Sí, aquí tene