34. Lo más importante
Ana suspiró mirando al vacío y pensó en la imagen de Auritz, en sus ojos obscuros, en la suavidad de su voz, en la forma en que la hacía sentir, en la forma en que la hacía cuestionar todo lo que creía saber.
—No lo sé.
—¿Y el chico de Valencia? ¿Auritz? ¿Lo vas a llamar? —le preguntó su prima con picardía, como si le hubiera leído la mente.
Ana se sonrojó, una reacción que no pasó desapercibida para Malena. —No lo sé. Es que…
—A ver, Ana. Te voy a dar mi humilde opinión. Y sí, sé que a veces n