33. Complacer
—Mamá, esto no se trata de lo que ustedes han hecho. Se trata de mí. De mi felicidad —respondió Ana con firmeza y seguridad.
—¡Tu felicidad! ¿Y qué hay de nuestra reputación? ¿De lo que la gente va a decir? ―Elsa dio un paso hacia su hija.
Ana sintió cómo la rabia comenzaba a aparecer en su ser, por lo que inhaló despacio.
—Mamá, no me importa lo que la gente diga. Me importa mi vida, y no voy a vivirla para complacer a nadie ―su tono de voz salió con una fuerza que ella misma desconocía.
—¡Ere