27. Mausoleo de recuerdos
Encontró un taxi muy rápido y le dio indicaciones para llegar a su departamento. El auto se detuvo frente al edificio, pagó, respiró hondo y se enfrentó a la fachada que ahora le parecía un monumento a su desdicha.
El mismo portal, las mismas escaleras que había bajado lleno de esperanza, ahora lo recibían con un peso de plomo en el pecho.
Abrió la puerta de su departamento con la llave que, hacía apenas unos días, había usado para abrirle a ella. Su casa, que antes vibraba con la promesa de un