26. Desilusión
—¿Necesitas que te recoja en el aeropuerto? —preguntó Jaxon, ofreciéndose.
Auritz dudó por un instante.
La idea de ver a su amigo, de contarle todo de inmediato, era tentadora; pero no, no podía. No en ese instante. La verdad era demasiado dolorosa, necesitaba procesarla primero antes de poder revelarla.
—No, no te preocupes. No quiero molestarte.
—¡Tonterías! Claro que sí. Dime la hora y estaré allí ―respondió casi de inmediato.
—Vale… Gracias, Jaxon —la voz de Auritz se quebró un poco. —Te en