Tras que dije ese No, pasó frente a mí toda mi vida, la sumisión siempre había estado presente, y recordarlo solo me hizo reflexionar en que por muy duro que pareciera, tenía que empezar de cero, a luchar por mi propia cuenta y ya no depender de nadie más, ni permitir que nunca más me hicieran daño.
— No nos iremos a España, al menos no hoy — advertí intentando contener mis lágrimas
— ¿Y entonces? – preguntó encogiéndose de hombres y dejando caer el bolso, el cual recogí a lo inmediato porque