Cuando iba en el auto no sentí ninguna señal de arrepentimiento, pero sí me sentía muy nerviosa, vi que el reloj marcaba las diez de la noche, era la hora precisa para llegar al club, pues Eduardo casi siempre llegaba a casa a las once, así que lo más seguro es que ya se encontraba ahí, pues recordaba bien la hora en que llegaba con Eduardo.
Llegué finalmente, y como en un estado de alucinación, entré a ese sitio lleno de luces, mientras un buen grupo de hombres y mujeres hacían lo mismo, me co