Caminé rápido hasta el sitio y me senté nerviosa, observé a todos lados, sin mencionar una sola palabra, él hizo lo mismo, pero viéndome solo a mí, hasta que finalmente escuché una voz, volteé de prisa en dirección a la cocina, solo esperaba ver a Lucrecia.
— Buenos días, señorita — Dijo una señora bastante mayor, tras que entré en la cocina
— Buenos días — Contesté con una gran sonrisa, me daba aliento saber que no estaba sola, que en casa había alguien que no iba a tratarme mal, que aunque