El elegante auto deportivo negro surcaba la lluviosa noche neoyorquina, con sus llantas agarrándose al asfalto mientras Damian aceleraba por las sinuosas carreteras hacia la finca ancestral de los Cavill.
La voz de su tío aún resonaba en su mente, con una amenaza apenas velada disfrazada de convocatoria familiar. Una reunión obligatoria. Así la había llamado la anciana matriarca. Las manos de Damian se aferraron con fuerza al volante, y sus ojos reflejaban las luces del tablero. Sabía exactamen