(Laura)
Odiaba esa casa.
No en voz alta, no de una forma que alguien pudiera usar en mi contra, sino en silencio, en cada respiración contenida, en cada paso medido, en cada palabra que tenía que filtrar antes de decirla. Era un odio elegante, discreto, como todo lo demás ahí dentro, pero no por eso menos real.
Todo siempre estaba en su lugar.
Los muebles, las flores, los cuadros… incluso las personas parecían cumplir un rol específico que no debía alterarse, y yo era, sin duda, la pieza qu