Pasaron varias semanas.
Semanas largas, pesadas, llenas de miradas incómodas, llamadas legales y silencios que parecían durar horas. Después de la discusión en la oficina, todo se había movido demasiado rápido y, al mismo tiempo, demasiado lento.
La abuela de Adrián había manejado todo.
Había contactado médicos, abogados y laboratorios como si estuviera organizando una reunión de negocios. La prueba de ADN se haría en una clínica privada de la ciudad, con especialistas, testigos legales y toda