(Eduardo)
El hospital olía exactamente igual que todos los hospitales: desinfectante, café recalentado y ese aire artificial que nunca terminaba de sentirse humano. Sin embargo, esa noche el lugar tenía algo distinto para mí, algo que hacía que cada paso por el pasillo se sintiera más pesado de lo normal, como si el propio edificio supiera que yo no tenía derecho a estar ahí.
Caminé lentamente hasta la habitación de Clara con las manos tensas dentro de los bolsillos y una presión constante a