(Eduardo)
No esperé.
No había nada que preparar ni nada que pensar después de lo que ya había encajado, porque cualquier segundo extra solo iba a servir para lo mismo de siempre, para encontrar una forma de suavizarlo, de justificarlo, de acomodarlo dentro de una lógica que ya no podía sostener, así que crucé la casa sin detenerme, atravesando el silencio habitual que esa noche se sentía distinto, más pesado, como si incluso las paredes supieran que algo estaba a punto de romperse.
El e