(Clara)
El bar estaba lo suficientemente lleno como para sentirse vivo, pero no tanto como para que no pudiéramos escucharnos, y eso era exactamente lo que necesitábamos: ruido de fondo para tapar lo que en realidad veníamos a decir.
Laura fue la primera en notarlo.
Me miró de arriba abajo y sonrió.
—Esa blusa ya no engaña a nadie —dijo—. Esa panza está más grande.
Rodé los ojos, llevando el vaso de jugo a mis labios.
—Gracias por la sutileza.
—No es sutileza, es preocupación —respondió