(Eduardo)
Desde que Sandra cruzó la puerta del comedor quedó claro que esa noche no iba a ser una formalidad cómoda, y no porque hiciera algo evidente, sino por la forma en que ocupó su lugar como si ya hubiera decidido que no iba a adaptarse a nadie. La mesa estaba impecable, las copas alineadas, la cena servida con una precisión casi irritante, pero el ambiente tenía otra cosa debajo, algo tenso, algo que no encajaba con la perfección del espacio.
Mi padre fue el primero en hablar, con ese