No perdí tiempo y fui directo a buscarla, porque esta vez no había margen para dudas ni para errores, y me quedé dentro del auto, inmóvil, con la mirada fija en la entrada del edificio como si en cualquier momento fuera a aparecer y todo dependiera de ese instante. No aparté la vista ni un segundo, no revisé el teléfono ni pensé en nada más, porque sabía que si algo salía mal, no habría una segunda oportunidad para corregirlo.
El tiempo se alargó más de lo normal, denso, incómodo, hasta que fi