Pasaron dos semanas completas y no supe casi nada de Lucas. Me sentía bastante preocupada, ya que ni siquiera fue a la oficina, algo muy poco habitual en él. Definitivamente, necesitaba hacer algo.
—Margarita —dije, mientras ella organizaba parte de la sala—.
—Sí, dígame, señorita Daniela.
—¿Podría darme la dirección de la casa del señor Lucas? —Mi petición la sorprendió un poco.
—Querida, no creo que sea buena idea que vaya.
—Margarita, estoy preocupada por él. Lleva muchos días sin ir a la of