LUCAS MENDOZA
Cuando vi la sangre correr por las piernas de Daniela, todo se movió a mi alrededor. Sentí miedo por ella, no quería que nada le pasara. Pero al llegar al hospital y recibir esa hermosa noticia, todo ese miedo desapareció.
—¿Es en serio? —hablo sin poder creerlo.
—Así es, señor Mendoza. Funcionó el tratamiento —miro a Daniela, quien se encuentra algo ida, como si estuviera pensando en otra cosa.
—¿Daniela? —llamo su atención, y ella sale del trance.
—Disculpen. Felicidades, señor