DANIELA MOLINA
Lucas y yo bajamos la guardia, aunque el escándalo entre él y Gabriel continuó. Ya pasaron dos días y en las noticias aún hablan de ellos. Lo peor es que, a veces, inventan cosas, y la situación se está volviendo insostenible. Los socios llaman, algunos empresarios han terminado contratos y ambos parecen cada día más estresados.
—¿Puedo pasar? —le digo entrando con un café para él—. Te traje café, sé que lo necesitas.
—Gracias, cariño —toma mi mano y me sienta en sus piernas,