Me encontraba con toda la disposición de ir a trabajar. Estaba muy feliz porque no quería seguir en casa; necesitaba sentirme útil. Nunca fui una mujer que se quedara quieta. Siento unas manos rodear mi cintura y posar en mi vientre un poco abultado.
—Estás hermosa —susurra Lucas, dejando un beso en mi cuello—. Amo acariciar tu vientre.
—Lo sé, desde que nos enteramos de que tendremos una niña no has dejado de acariciarlo.
—¿Te emociona ser madre? —
Desde que me enteré de que soy la madre bioló