Mariana
Despierto con el cuerpo todavía cansado de la noche anterior y la luz entrando por el ventanal de la suite, rebotando sobre las sábanas blancas mientras el sonido suave del mar golpeando el barco se mezcla con ese silencio extraño que solo existe cuando estás lejos de todo lo conocido. Por un momento me quedo quieta, sin moverme, y siento el brazo de Franco rodeándome la cintura como si incluso dormido siguiera buscando asegurarse de que estoy ahí, de que no me he ido a ningún lado, y