Mariana
El crucero ya había quedado atrás en mi cabeza como una especie de burbuja donde todo parecía demasiado perfecto para ser real, y aunque habíamos vuelto a la rutina de tierra firme, algo en mí seguía con esa sensación de calma extraña que aparece después de un momento feliz que no quieres analizar demasiado por miedo a romperlo.
Franco estaba más presente que nunca, no en el sentido de control, sino en esa forma suya de aparecer sin anunciarse, de buscarme con la mirada incluso cuando e